
Actualmente la provincia de Matanzas cuenta con 372 colaboradores que llevan la salud a comunidades de pobreza extrema y apartadas de Brasil, muchas de ellas tuvieron un médico por primera vez gracias al Programa Más Médicos
Los nombres Coronel João Sá, Tapiratiba y São José da Tapera por más extraños que parezcan ya son parte de sus vidas. El paisaje montañoso y el sabor del café recién colado, acompañado de un saludo en portugués afilado con el tiempo, ruedan como una película en la mente; pero más allá de esa mezcla de sentidos lo que jamás olvidarán los galenos matanceros Adais, Yulianys y Damiris es el calor y el agradecimiento de la gente de Brasil.
Pertenecientes al Programa Más Médicos, ellos integran el inmenso grupo de colaboradores cubanos que llevaron la salud a comunidades apartadas y de extrema pobreza en el gigante suramericano, muchas de las cuales tuvieron asistencia médica por primera vez gracias a esta iniciativa.
Ahora se despiden de pacientes y amistades para regresar a la Patria, luego de la decisión del gobierno cubano de interrumpir la cooperación técnica con la Organización Panamericana de la Salud (OPS), debido a las amenazas y transformaciones anunciadas por el recién electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.
UNA DECISIÓN DIGNA
En conferencia de prensa Magalys Chaviano Moreno, directora de Salud Pública en Matanzas, expresó que actualmente existen un total de 372 médicos de la provincia en la nación brasileña con el noble propósito de trabajar en la atención primaria y en la prevención de enfermedades.
Sin importarle la labor que estos profesionales desempeñan en las áreas más necesitadas, el ultraderechista Bolsonaro se refirió de forma directa, despectiva y amenazante a la presencia de nuestros médicos, según manifiesta la declaración oficial del Ministerio de Salud Pública de Cuba.
«No solo rechazamos los pronunciamientos en contra de los colaboradores cubanos, sino que apoyamos el cese de la cooperación porque cambiaron los principios por los cuales fuimos a Brasil hace cinco años, establecidos por Dilma Rousseff, en coordinación con la OPS.
«El futuro mandatario mediante las modificaciones anunciadas exige la reválida del título para lograr la permanencia de los médicos en el programa y como única vía la contratación individual en lugar de hacerlo con la organización panamericana», detalla Chaviano Moreno.
La directiva explica que a todos los internacionalistas se les garantizará el viaje de regreso, además el país decidió otorgarle el cumplimiento de la misión y serán recibidos a nivel nacional, de provincia y de centro de trabajo.
Como parte de este proceso funciona un grupo de trabajo, organizado por la dirección de Salud en el territorio y las autoridades del gobierno y el Partido, que se acerca a las familias de los colaboradores para apoyarlas y brindarles información sobre este proceso.
CON LA MORAL EN ALTO
El especialista en Medicina General Integral Adais Morales Rodríguez desde Coronel João Sá, municipio brasileño del estado de Bahía, se comunicó con esta redacción y comentó sentirse ansioso por volver a su hogar y ver a su hija, padres y esposa.
Sin embargo, se preocupa por la población que ahora no contará con la asistencia de los cubanos. «Hoy muchos vecinos de la zona lamentan nuestra partida porque con humildad y profesionalismo los tratamos sin distinción de clase social, raza o sexo, y muchos nunca imaginaron que un doctor les diera la mano, les tocara el hombro, y eso impacta, impacta mucho.
«Me llevo a mi país no solo la gratitud, sino la satisfacción del deber cumplido, de saber que hice lo correcto con pacientes que ahora son mis amigos, personas que normalmente no iban al médico porque la situación económica constituía un impedimento».
Por otro lado, la doctora Yulianys Lau Calero refirió que tras su regreso a la mayor de las Antillas peligra la atención médica de los más de 3 000 habitantes del municipio de Tapiratiba, en São Paulo, que recibían sus servicios.
La joven, oriunda del municipio de Martí, explicó que los habitantes de la región sin lugar a dudas serán los más afectados con el cese de la misión y confesó su tristeza e indignación. «Todos estos pobladores son carentes de recursos, conocimientos y atención médica. Son pueblo grato a plenitud».
Ambos médicos ratificaron la declaración del Ministerio de Salud Pública, pues consideran que bajo ningún concepto debe ser avasallada la dignidad del cubano que defiende con el actuar cotidiano la premisa de que el bien común está siempre por encima del bien propio.
A este tema también se refirió la doctora Damiris Vecino Rodríguez, quien todavía cumple misión en São José da Tapera, del estado de Alagoas. «No tenemos que probarle a Jair Bolsonaro con una reválida que somos profesionales, creo que los logros, la preparación y la aceptación de la medicina cubana está más que demostrada en el mundo entero por más de seis décadas».
La joven de Jagüey Grande agradece la acogida de la población más humilde y los trabajadores más cercanos a ella que no demoraron en averiguar su sobrenombre y llamarla cariñosamente Cheche, como también le dicen en Cuba.
Hasta en las redes sociales se perciben los gestos de aprecio de pacientes que recibieron su atención en el consultorio o una visita domiciliar loma arriba y de médicos y enfermeras brasileños con quien compartió intensas jornadas de trabajo.
Cuentan los días para regresar a la Patria, pero muchos hallan un lugar en la maleta para algún recuerdo. Entre ellos la doctora Damiris que guarda con especial afecto la carta publicada por su colega brasileña Cely Morcerf.
Así comienza la misiva: «Tuve la gran oportunidad de poco después de la graduación realizar mi sueño de trabajar en el Sertão nordestino y mucha suerte en haber ganado estos regalos para toda la vida: mis doctoras cubanas. Especiales, simples y con un corazón gigante, dispuestas a ayudar a cualquiera sin pedir nada a cambio. Amistad verdadera, de donación y ayuda mutua, algo tan raro de encontrarse en el mundo. Amistades para todos los momentos, desde ir a los lugares más necesitados y distribuir alimentos, a realizar visitas domiciliares extras, literalmente chupar caña y tomar café en el patio de la casa de los pacientes sentados en las piedras con conversaciones sobre la esencia de la salud (…)».



